¡Renuncio! dijo el niñito, y todos quedaron estupefactos, la mochila recien tirada en la oficina del inspector reflejaba el hastío hacia el colegio, hacia la niñez que según los "expertos" es la mejor etapa de la vida. Fue esto lo que me contaron hacía diez años, mi mamá y mi hermano tras una visita relajada a la nociva inspectoría -me refiero a un justificativo médico, qué creían. Esta es la historia más tierna que he escuchado, y de la que tengo una imagen divertida pero desgarradora en el pensamiento.
No sé qué onda en realidad, pero creo que la infancia está sobrevalorada, personalmente mi niñez -fuera de casa- es algo digno de olvido, algo que no me gustaría repetir, y algo que me gustaría volver a vivir pero ¡ahora! no ayer. ¿Quieren jugar conmigo? Uds. elijan el juego, a menos que Denis y Rocío no quieran que juegue.
Más allá de una que otra canción de niños mientras estoy sentada en el baño, de una petición ultra arrastrada a mis primos chicos para que jueguen conmigo al Fifo, de una que otra visita a los canales infantiles de noche mientras dan los Nicktoons o los looneytunes, porque hay que reconocer que lo único bueno de la infancia es la ficción, buenos recuerdos de Arnold, de Lucas, de la Isla Gulah gulah, de la Vaca y el Pollito, de los cuentos de terror que me hacían leer en el cole. Más allá de todo eso, no hay restos de esa infancia en mí. Renuncié hace rato, he olvidado los traumas vestidos de conejito -no Bugs, me cae un poquitín mal. Renuncié al kinder, al octavo, al segundo medio, renuncié al colegio.
Y al diablo con los expertos que hablaban en la tele ayer tras la visita de la Pequeña y su tío, decir que la infancia es la mejor etapa es un suicidio, una frase poco pragmática y cero optimista. La infancia es la peor, y da lo mismo que haya dolido, lo bueno es que cada día olvidamos algo por economía, nuestro cerebro no es el universo, y ¡hurra por ello! La mejor es la que viene, siempre la que viene, la de ahora es buena siempre buena, la peor fue la anterior y nunca más.
Quiero llegar a los cuarenta, y morir en esa buena etapa, la mejor es la que viene, siempre la que viene. No me refiero a la vida eterna, no me refiero a la reencarnación, ni a la rereeeeeencarnación. Me refiero a... no sé, mejor es renunciar a esta entrada antes de que descubra aquello, sí aquello que es... da lo mismo, lo bueno es que es algo... ¡RENUNCIO!











